Mujeres al volante en España, así hemos avanzado

A día de hoy no es raro ver el mismo número de conductores y conductoras en nuestras carreteras pero, con motivo del día 8 de marzo, día internacional de la mujer, hemos querido investigar si esto siempre ha sido así y cómo ha sido la incorporación de las mujeres a los mandos del volante.

Al tratar de remontarnos lo máximo posible y tras consultar los datos de la DGT, vemos que en 1962 solamente el 6% de los nuevos carnets de conducir expedidos fueron para mujeres (pero no hay datos totales de cuántos conductores por sexos hasta los 90).

Avanzamos un poco más en el tiempo, hasta 1990 y comprobamos que en ese año los porcentajes habían mejorado pero, aun así, solamente el 30% de las personas con carnet de conducir eran mujeres en nuestro país. A día de hoy la presencia femenina ya está en torno al 42% lo que implica que en los últimos 25 años el número de mujeres con permiso de conducción se ha multiplicado por 2.5 veces.

Pero ¿por qué había pocas mujeres conductoras en España? ¿Cómo eran estas mujeres? Vamos a averiguarlo

Las primeras conductoras:

Bertha Benz antes de emprender su marcha

El primer coche a motor fue creado en 1885 y su invención se atribuye a Karl Benz, cuya figura fue clave para el desarrollo de la industria automovilística. Un par de años más tarde, en 1888 sería su mujer, Bertha Benz quien le diese utilidad real al coche demostrando que podían recorrerse 100 km con él. Esta hazaña hizo que el automóvil se popularizase… y que los vecinos de la familia Benz no estuviesen del todo contentos por el ruido de los motores por lo que pidieron que se crease un “carnet de conducir”.

Es cierto que estos permisos no fueron obligatorios hasta 1904, pero se popularizaron rápidamente entre las clases altas como símbolo de modernidad y cierta opulencia. Las nobles tampoco querían quedarse atrás y así fue como Anne d’Uzzes, activista por los derechos de la mujer, se convirtió en la primera mujer en conseguir su permiso de conducir en 1898.

El carnet de conducir y las mujeres en España

En nuestro país tuvimos que esperar al año 1897 para que llegasen los primeros vehículos de motor de combustible, y el éxito fue inmediato. Tal fue así que en el año 1900 la Reina Maria Cristina aprobó un Decreto Ley en el que se decía que los vehículos debían estar matriculados para poder circular y que los conductores y conductoras (no se especificaba sexo) debían tener una autorización de mano del gobernador de la provincia para poder conducirlos.

Así pues, en 1904, le correspondería a otra activista por los derechos de las mujeres (y novelista, poeta, ensayista…) convertirse en la primera mujer española en conducir un vehículo: Emilia Pardo Bazán.

Permiso de conducir oficial expedido al principio de siglo XX

Todo parecía ir estupendamente, sin sesgos oficiales por sexo, hasta que en 1918 aparece un nuevo reglamento para ratificar el permiso de conducir con requisitos entendibles como: saber leer, escribir, conocer las reglas de circulación, tener la salud necesaria para ello…  Pero es que, además, había un apartado específico para los menores de edad (entre 18 y 21 años) y para las mujeres que decía: los menores de edad o las hembras, deberán presentar la autorización paterna o marital.

De esta forma, las mujeres pasaban a un segundo plano en lo relacionado con el mundo del motor al no poder optar por sí mismas. Las limitaciones al no poder contar con un carnet de conducir libremente, no solo afectaban al ocio, sino que prácticamente imposibilitaban que las mujeres pudiesen dedicarse a trabajos en los que es necesario conducir o que se encontraban a una distancia tal, que era imposible llegar a pie o en transporte público.

A no ser que su padre o su marido fuese benevolente y les dejase hacerlo.

No éramos las únicas. La obligación de preguntar a tu padre o tu marido si podías sacarte el carnet de conducir era algo común para todas las ciudadanas europeas al principio. La diferencia es que en España esa prohibición duró un poco más y mientras nuestras compañeras europeas podían tener su carnet de conducir desde mediados de siglo sin permiso marital, en España la restricción duró hasta 1975.  En Arabia Saudí las mujeres consiguieron el derecho a conducir en 2018.

Primeros años de las mujeres al volante en España

Aun así, hubo mujeres en España que consiguieron el beneplácito de padres y maridos y se pusieron al volante sin aparentes problemas. De hecho, muchas mujeres llevaban años conduciendo cuando el decreto entró en vigor, como Catalina García González, que aunque fue la primera en aprobar el carnet de conducir en 1925 lo hacía de forma extraoficial desde 1908 ¡por lo menos! A Catalina le apasionaba conducir y lo convirtió en una tarea casi profesional ya que realizaba diariamente un servicio de transporte de viajeros entre los diferentes pueblos de León.

Catalina García González con su autobús y sus hijos

Gracias a los testimonios de mujeres de esa época (que puedes ver en este reportaje de la DGT de 1996) sabemos que no eran muchas las que conducían. Isabel María Llambi decía que en Barcelona en 1929 solamente había tres mujeres que conducían (ella y otras dos chicas) y algo parecido pasaba en Bilbao que, en 1931 cuando Teresa Chalbaud Ybarra se sacó el carnet “según el examinador, solo había otras tres o cuatro mujeres”.

Conducir para trabajar: empresarias al volante

Las primeras mujeres que conducían en esos primeros años solían ser de familias de clase alta ya que tener un automóvil era algo que no todos se podían permitir (sobre todo durante la guerra y posguerra) pero también abrió las puertas para que pudieran acceder a nuevos oficios y convertirse en emprendedoras al volante.

Así podemos hablar de Celia Rivas Casais que fue la primera en conseguir un permiso de conducir camiones y que junto a sus tres hermanas continuaron con la empresa de transporte de su padre … aunque tuvieron que adaptar un poquito el nombre para poder seguir trabajando: la empresa se llamaba “Hijos de Joaquín Rivas” aunque eran todas mujeres.

En Galicia también tenemos a María Teresa Eiriz Vázquez, que aprobó en 1939 fue una de las primeras repartidoras conocidas (y con carnet). En su caso se trataba de productos del negocio familiar: la empresa de gaseosas La Granja.

Las mujeres iban abriéndose camino en este mundo tan masculino y pronto le tocaría al sector del taxi donde el título de la “primera mujer taxista” se lo disputan Piedad Álvarez y Dolores Trabado. Oficialmente Piedad consiguió la licencia de taxi (la número 49 de toda España) en 1932, aunque como su madre tenía un garaje en León con servicio de chóferes llevaba haciendo el trabajo durante algunos años antes.  Dolores consiguió la licencia oficial en 1923 para hacer trabajos de traslado de viajeros para la casa de Socorro de Pontevedra (lo que le dio el mote de “Lola la de la Cruz Roja”), donde montó su propio negocio de taxis ya que no había nadie más que lo hiciera en la ciudad.

Piedad Álvarez en su taxi

Los datos de aquella época no son del todo claros y no hay que quitar méritos a ninguna de las dos, pues ambas fueron pioneras y su labor es encomiable y toda una referencia para las que vinieron después.

Aunque tampoco tenemos el año exacto, sí tenemos los nombres de otras taxistas pioneras de la época como Victoria Vasilievna Judoleeva que fue la primera conductora de taxis de Madrid, Margarita López Grau de Barcelona o Ángeles Pérez Guerra que también fue la primera conductora de guaguas de Las Palmas.

Mujeres conductoras en los Rallies

Pero no todo iba a ser trabajo, también había cabida para el ocio entre las mujeres conductoras y, aunque pocas, sí había un buen número de ellas que se apuntaban a las carreras de Rally, sobre todo a partir de los 60-70.

Las carreras de coches aparecieron en nuestro país casi a la par que los automóviles y desde el primer momento las mujeres podían participar el ellas. De hecho, a día de hoy, sigue sin existir esa distinción por categorías en la mayoría de carreras y todas y todos los participantes pueden competir entre ellos sin importar el sexo. El hecho de que haya menos mujeres que compiten viene dado por las restricciones para conducir, la falta de referentes y, sobre todo, de patrocinadores.

Volviendo a echar la vista atrás, sabemos que las mujeres competían desde los primeros tiempos pero de forma muy puntual. El primer dato contrastado que hemos encontrado viene de la mano de María Elizalde que en 1940 compitió en la carrera organizada por el Motoclub de Cataluña en febrero de ese mismo año.

El deseo de competir de las mujeres estaba ahí y poco a poco se fueron abriendo camino y organizándose en competiciones con presencia únicamente femenina como la Rallye Fémina de Barcelona que se celebró por primera vez en 1962 y el Rally Femenino de San Isidro en Madrid que se celebró en 1967 con la victoria de las hermanas Carmen y Cristina Gimeno y que se celebró hasta 1973.

En esos años aparecieron bastantes circuitos de competición exclusivamente femeninos y en 1971 se celebró por primera vez el 1º Critérium Nacional Femenino de Rallyes que que formaba parte del Campeonato de España de Rally y constaba de cuatro pruebas: Rally Femenino saibil, Rallye Femenino Espejo del Mar, Rally Femina y Rallye Femenino Siasa, siendo la vencedora Milagros Ortega y su copiloto Yolanda Maruri. 

En muchas de esas carreras también participaban mujeres del mundo del cine, actrices e incluso mises que también compartían esa pasión por los coches y que querían competir y demostrar sus habilidades al volante.

Gloria Castresana (izda) y Paquita Torres (dcha) en el I Rallye Femenino de San Isidro

Pero muchas mujeres no competían solamente en esa categoría femenina. Gloria Castresana fue una de ellas, de hecho es la primera y única mujer que participó en una carrera de turismos en el circuito del Jarama (que se inauguró en 1967). Comenzó a competir en 1963 y ya en 1965 ganaba el primer Rally Isla de la Palma conduciendo un Mini Cooper 1300S.

Su coetánea Núria Viñas tampoco se quedaba atrás. La tambien piloto de carreras catalana formaba parte de la escudería de Barcelona y ganó el Campeonato de Cataluña femenino de Rallyes hasta cuatro ocasiones (en 1969, 1971, 1973 y 1975), el campeonato femenino de Rallyes de España (en 1972 y en 1973) y fue campeona absoluta en carreras mixtas como en el Trofeo Montjuic.

Recorte de entrevista a Nuria Viñas en el diario Mundo Deportivo

También es importante nombrar la labor de las copilotos que en España tienen un gran nivel y que han servido de apoyo para grandes pilotos. En los años 60 y 70 eran habituales los equipos “matrimonio” de copiloto-piloto en las que ellas no conducían pero tenían un gran papel a la hora de guiarles hacia la victoria. De esa época no se han podido encontrar los años exactos pero sí es necesario nombrar a mujeres que compitieron un poco más tarde como  Susi Cabal, Pilar Barceló, Emma Vittorini, Estrella Castrillón, Cristina Corredera o Arielle Tramont. Ellas fueron sin duda, las que sirvieron de apertura para grandes deportistas y copilotos como Sara Fernández (campeona de la Copa Suzuki 2014), Ainhoa Sarasua, Rebeca Liso, Andrea Lamas (campeona de la Copa Suzuki 2015), Fátima Ameneiro o Eva Costas (Campeona de la Copa Toyota Aygo 2015) y muchas más que están compitiendo actualmente por los primeros puestos.

Si hablamos de mujeres al volante en España, no podemos acabar sin mencionar a la gran María de Villota, referencia de las últimas generaciones y que fue la primera en montarse en un monoplaza de Fórmula 1 (aunque no llegase a competir oficialmente).

Al ir haciendo este artículo, nos hemos dado cuenta de la cantidad de referentes femeninas que tenemos en el mundo del motor y que, a la vez, es una tarea complicada encontrar esa información y debería visibilizarse mucho más. Ser mujer a principios y mediados de siglo no era una tarea fácil, y mucho menos si te apasionaba el mundo del motor en el que el 90% de las personas a tu alrededor eran hombres. Por eso, desde aquí queremos dar a conocer sus nombres para recordarlos y que sigan siendo una referencia, porque si ellas pudieron en unas condiciones tan adversas, a las nuevas generaciones no debería haber nada que nos pare.

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