¿Afectan los cambios de temperatura a mi coche? ¡Puede que más de lo que crees!

Con los cambios bruscos de temperatura en los que un día hace frío, al siguiente calor, luego frío otra vez ¿te has planteado si los coches pueden sufrir algún estrago?Aunque lo normal es que un coche sea resistente, una constante exposición a cambios bruscos de temperatura, humedad o presión pueden provocar averías o acelerar el desgaste de algunos componentes de tu vehículo

La batería sufre con el frío… y con el calor

Durante el invierno, las baterías sufren especialmente. Las temperaturas bajas reducen su capacidad y pueden dificultar el arranque del motor. Pero no te confíes: el calor del verano también daña la batería, evaporando el electrolito y reduciendo su vida útil. Si notas que tarda más de lo normal en encenderse, tal vez no sea casualidad.

Bajada de presión de los neumáticos con los cambios de temperatura

Con cada descenso de 10 °C, la presión de los neumáticos puede bajar 0,1 bar. Eso se traduce en menor tracción, más consumo y desgaste irregular. En verano, la presión aumenta y puede afectar el agarre, sobre todo si los neumáticos están envejecidos o mal inflados.

Cuando hay cambios de temperatura bruscos, puede afectar a las presiones de los neumáticos así que te recomendamos revisarla de vez en cuando para asegurarte de que todo está bien.

Los líquidos del coche también lo notan

Los fluidos del coche también reaccionan al clima. El aceite se espesa con el frío y se vuelve más fluido con el calor, lo que puede afectar la lubricación del motor. El refrigerante es esencial para evitar el sobrecalentamiento en verano y las heladas en invierno, así que es importante que estén siempre en los niveles adecuados.

Revisarlos con cada cambio de estación es una buena práctica, sobre todo con los cambios de tiempo repentinos que hay últimamente.

Grietas en los cristales por cambios de temperatura

Los cambios bruscos de temperatura pueden provocar grietas en los cristales. Esto ocurre por un fenómeno llamado choque térmico:

  • En invierno: si el coche está helado y al subirte echas agua caliente o pones la calefacción a tope apuntando al vídrio, la zona que recibe el calor se expande mucho más rápido que el resto del cristal, que sigue frío. Esa diferencia de expansión entre zonas genera estrés térmico… y si el parabrisas ya tiene una pequeña fisura (incluso microscópica), es muy probable que se agriete.
  • En verano: puede pasar lo contrario, el coche está bajo el sol, el cristal está a más de 50 °C y, de pronto, le echas agua fría (por lavar el coche, por ejemplo) o entras al coche y enciendes el aire acondicionado al máximo. Esa diferencia súbita entre la temperatura exterior del cristal y su interior puede tener el mismo efecto: grietas por choque térmico.

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