En las últimas décadas, el perfil de la población conductora en España ha cambiado de manera profunda. Si en 1962 las mujeres representaban apenas un 6,1 % de los permisos de conducir, hoy su presencia se ha multiplicado.
Según datos recientes recogidos por la Dirección General de Tráfico (DGT) y difundidos por El Diario, en 2024 las mujeres ya suponen alrededor del 43 % de las personas con carné en vigor, superando los 12 millones de conductoras en España.
El 45% de carnets de los nuevos carnets de conducir son expedidos a mujeres
Este crecimiento no es solo una cuestión estadística. Durante décadas, el acceso al coche estuvo asociado a independencia y libertad de movimiento, un privilegio que no siempre fue igualitario. Hoy, cada vez más mujeres no solo obtienen el permiso de conducir, sino que lo hacen a edades similares a las de los hombres, consolidando una normalización que hace medio siglo parecía impensable.
Desde medios del sector como Faconauto Woman han destacado que cerca del 45 % de los nuevos permisos ya se expiden a mujeres, consolidando una tendencia sostenida de cierre de brecha.
Tanto en este mismo medio como en Unespa también destacan el aumento de conductoras senior, es decir, mujeres de más de 65 años. Según los datos de la asociación de asguradoras, a día de hoy hay 1,2 millones de conductoras de más de 65 años, tres veces más de las que había en 2011.
Estas conductoras sénior de 2026 responden a un perfil de mujer trabajadora, con sus propios ingresos que quieren tener un vehículo propio a su nombre. Algo a lo que mujeres de todas las edades de las décadas de los sesenta y setenta no podían aspirar, ya que ni siquiera podían obtener el carnet de conducir sin permiso de sus padres o maridos.
Los desplazamientos en coche de las mujeres están cambiando el entorno urbano.
Diversos estudios sobre movilidad apuntan que las mujeres tienden a realizar trayectos más fragmentados y encadenados: llevar a hijos al colegio, hacer compras, acompañar a personas mayores al médico, acudir al trabajo y realizar gestiones en un mismo recorrido. Es decir, un uso más vinculado a tareas de cuidado y organización doméstica.
Frente al modelo clásico casa-trabajo-casa, más lineal, la movilidad femenina suele ser más diversa y polivalente. Esto implica una relación distinta con el vehículo: mayor atención a la seguridad, planificación de recorridos y valoración de infraestructuras urbanas accesibles.
Esto lleva a cambios en el urbanismo como, por ejemplo, plazas especiales para familias en centros comerciales e hipermercados o que las calles comerciales estén orientadas a satisfacer esos desplazamientos fragmentados.
En definitiva, con patrones de conducción generalmente más prudentes y un uso del vehículo más orientado a la vida cotidiana, las mujeres están contribuyendo a una movilidad urbana potencialmente más segura y adaptada a las necesidades reales de la población.
