Seguro que alguna vez te ha pasado: vas conduciendo, el indicador del depósito empieza a acercarse peligrosamente a la reserva y te preguntas si puedes aguantar un poco más antes de parar. ¿Qué pasa si apuro? ¿será peligroso para el coche? ¿o todo lo contrario? Sigue leyendo, porque tenemos la solución.
No apures hasta que la reserva se agote: puede ser MUY perjudicial
Es importante que sepas que dejar que el depósito baje demasiado puede traer más problemas que otra cosa. ¿Por qué? Porque el combustible no solo sirve para mover el motor, también ayuda a mantener refrigerada y lubricada la bomba de gasolina. Cuando circulas con muy poco nivel, esa bomba puede sobrecalentarse o aspirar aire, lo que acaba acortando su vida útil.
Además, en el fondo del depósito suelen acumularse pequeñas impurezas y sedimentos que, al quedarse casi sin combustible, pueden ser arrastrados hacia el filtro o los inyectores, provocando averías que no son precisamente baratas.
Lo ideal es repostar cuando quede un 20% o 25% de gasolina
Entonces ¿cuándo pongo gasolina? Los expertos coinciden en que lo ideal es repostar cuando el depósito está entre el 20 % y el 25 % de su capacidad, es decir, cuando la aguja roza el primer cuarto. En ese punto, la bomba sigue funcionando correctamente, el combustible fluye sin impurezas y evitas el riesgo de quedarte tirado si te encuentras un atasco o una gasolinera cerrada.
Tampoco es necesario obsesionarse con llenar el tanque en cuanto baja un poco. Ni pasa nada porque un día apures de más y ya repostes cuando el aviso de la reserva lleve un rato encendido. Pero es verdad que hacerlo de forma sistemática puede hacer que tu coche sufra.
¿Puedo ahorrar si echo gasolina a una hora determinada?
Aunque no hay una gran diferencia, sí podría decirse que la hora del día a la que echas combustible, influye. En este caso no afecta a la vida útil de tu coche pero sí a tu bolsillo.
De esta forma, repostar por la mañana o al anochecer, cuando la temperatura es más baja, puede ayudarte a aprovechar mejor el volumen del combustible. A temperaturas más frías, la gasolina es ligeramente más densa, por lo que obtienes un poco más de energía por el mismo dinero. No es una diferencia enorme, pero si buscas ahorrar hasta el último céntimo, puede que te ayude.
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